Confesión de Sköm: Lo nuevo y prohibido

Dejo a su criterio la decisión de creer o no en la veracidad de lo que relataré a continuación. Mi nombre ha sido manchado ante muchas personas, y es mi responsabilidad limpiarlo, y creo que la mejor manera de hacerlo es contando los hechos como sucedieron en realidad, no como otros medios los hayan hecho parecer. Sé que las consecuencias de lo ocurrido son también en parte culpa mía, producto de una falta inminente de control, es por eso que quiero aclarar hasta qué punto las cosas se salieron de mi control y se volvieron una consecuencia sobre otra.

Con el propósito de proteger la “integridad” de las personas involucradas en el relato (y lo digo escépticamente porque sinceramente dudo que les quede alguna), no utilizaré sus nombres, y simplemente les referiré por la primera combinación aleatoria de caracteres que salga de mis dedos. Pues bien, si están dispuestos a conocer la verdad y tomarla tal cual es, adelante, pueden seguir leyendo. De lo contrario, si prefieren permanecer en la cegadora ignorancia de las mentiras con las que los alimentaron, creo que es momento de alejar la mirada y sus enclaustradas mentes de mi página, pues aquí no hay lugar para eso.

Por aquel entonces, recién salía yo de una relación sentimental. Como la persona excesivamente emocional que soy, las condiciones de dicha ruptura me dejaron en un estado de vulnerabilidad pasiva-agresiva. Es decir, me sentía furioso, resentido, aunque aparentase lo contrario, pero cualquier nuevo impulso positivo podría sacarme de ese estado y llevarme inmediatamente a uno de reconfortante e incómoda euforia. Y eso fue lo que sucedió. Y por desgracia, sucedió en el peor momento en que pudiera haber ocurrido.

Fue en ese pésimo momento, que conocí a quien me referiré como Asdf. No indagaré en los detalles de cómo nos conocimos, pues ante el resto de la historia son realmente irrelevantes. Apenas entablé ligera conversación con Asdf, notaba ese agradable sentimiento de cuando conoces a alguien y siempre hay de qué hablar, de cuando no quieres que termine la conversación y esperas ansioso por la siguiente. Es un bonito sentimiento, claro, pero insisto, llegó en el peor momento posible, el momento en el que mi condición lo multiplicó y lo hizo parecer más de lo que era. Pareciera que Asdf era perfecta, que era lo que siempre había deseado, teníamos tanto en común que parecía como si me hubieran investigado previamente y tuviera todo estudiado para el engaño (aunque a estas alturas, ya no dudo que en realidad haya sido así…).

Sin embargo una vocecilla en mi consciencia me hacía recapacitar y mantener la cordura. Así que decidí no hacer ningún movimiento hasta que fuese pertinente. Acababa de salir de una relación, y estaba consciente de mi estado emocional. No era correcto ni conveniente avanzar en ese momento, así que avancé moderadamente, tratando de no dejarme llevar tanto. Pero entre más la conocía más comenzaba a caer. Fue entonces que, durante la plática, descubrí sobre su pareja, con quien además vivía. Saber eso me frenó en ese momento, a pesar de las condiciones de su relación como ella las describía, sabía que no me correspondía a mí interferir y que, si quería llevar algo bien con ella, debía de esperar a que ellos decidieran terminar su relación, y dejar pasar un tiempo aceptable para las rupturas de ambos para realmente pensar con la cabeza fría y los pies en la tierra. ¡Oh, si tan sólo hubiera conservardo esa idea y esa paciencia por más tiempo!

Seguía conociéndola más, y cada vez más me iba enterando (a veces directa, a veces indirectamente) sobre los indeseables detalles de su relación. “Por más enojado que estés, ¿levantarías la mano contra una mujer?“, me preguntó una ocasión, y su reacción de alivio e intensa emoción ante mi negativa llamó mucho mi atención. Asumo que ya se imaginarán hacia dónde voy con esto. Era como si me viera como una especie de héroe, una especie de salvador. No soy ningún héroe, no he salvado a nadie, y nunca debí intentar hacerlo. Algunas personas no quieren ser salvadas, sólo quieren ver si el héroe llegará. Algunas doncellas prefieren al dragón. Ya conocemos el término clínico para eso.

Y fue ahí donde me dieron en la madre: Me hizo sentir necesitado. Porque, admitámoslo, a los hombres nos encanta sentir que nos necesitan. Ya sea para las cosas más pequeñas, o para lo más significativo, queremos sentir que es uno a quien recurrirán a todo momento, queremos sentirnos útiles, indispensables. Me hizo sentir que era yo quien le proporcionaba el alivio que tanto buscaba, quien la hacía sentir como esperaba que la hicieran sentir. Y quizá así era; no voy a negar que en algún punto, por el más mínimo tiempo, los sentimientos hayan sido sinceros. Pero tampoco negaré que eran sentimientos que no debían existir, o tal vez no en ese tiempo.

Y finalmente, se llegó el día de vernos. Mis amigos y yo organizamos una reunión en mi casa. Era la ocasión y la excusa perfecta. Anticipé ese momento por días, y cuando por fin llegó, estaba completamente nervioso. Por un momento olvidé todo lo que alguna vez me dije a mí mismo, la paciencia que me prometí tener, todo se fue a la mierda. Esa noche, todo se fue a la mierda. Apenas hubo oportunidad, nos encontramos envueltos en un nervioso abrazo, dentro del cual nos entregamos a un beso tímido que cada vez más se desharía de la pena. Se sentía tan bien. Era como estar en un limbo entre el sufrimiento terrenal del que acabas de ser arrancado, y la luz al final del túnel que sabes que no debes recorrer… Era algo nuevo, y sobretodo, era algo prohibido. Eso es lo que lo hacía sentirse tan bien. Pero la luz al final del túnel resulto ser un tren, dirigiéndose a toda marcha hacia mí. Apenas nos quedamos solos a la madrugada, cosas sucedieron. Cosas inevitables, cosas que sabíamos que pasarían, pero que aún así no hicimos el más mínimo intento de evadirlas. Me había convertido en aquel ser cuya existencia nadie desea admitir. Aquel ser que destruye lo que alguien durante tantos años construyó. Aquella bestia invisible reposando sobre el hombro de quien amas, aconsejándole a apuñalarte por la espalda. Lo innombrable, lo inaceptable, lo imperdonable.

Me convertí en el cuerno

Continuará…

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