Confesión de Sköm (Segunda Parte): Ensayo sobre el odio

¿Es posible odiar a alguien a quien ni siquiera se conoce? Alguien de quien no se sabe nada, excepto lo que alguien más habla sobre esa persona, y lo único que habla es mierda. ¿Cuánta confianza hay que tener en una persona para que tengan el poder de hacernos odiar a alguien sólo con palabras? Pues así era como me sentía respecto a Qwer, la pareja de Asdf. No lo conocía, jamás había visto su asqueroso rostro, no sabía de él mas que lo que Asdf hablaba de él. Sin embargo, lo odiaba. El simple hecho de escucharlo mencionar me hervía la sangre, saber que existiera un ser tan repugnante y, peor aún, con vida, hacía fluir los peores y más bajos instintos latentes en mí. De ninguna manera voy a negar las innumerables veces que fantaseé con torturarlo de las más inhumanas maneras; con deformar su ya de por sí vomitiva cara a golpes, con arrancar una a una sus uñas lentamente, arrancar poco a poco cualquier indicio de miserable humanidad en su ser, hasta que no quedara nada mas que una informe masa que apenas y respira por mera costumbre. Cortar su miembro y obligarlo a comérselo entero, hacerlo ver sus entrañas colgando fuera de su cuerpo. Humillarlo hasta que pidiera misericordia a gritos, y negársela como él la negó a Asdf. Quería hacerlo pagar por todo lo que hizo, quería ser yo quien lo castigara por sus deplorables actos. Quería ser juez y verdugo. Si no podía hacerlo que se pudriera en la cárcel, haría que se pudriera en el infierno; aunque eso significara caer a su nivel.

Pero, ¿qué puede haber hecho una persona para merecer tal desprecio de mi parte? Supongo que ya se habrán ido formando una idea poco a poco. Luego de la noche que Asdf y yo nos conocimos, el lazo entre los dos comenzó a estrecharse más y más, mientras que crecía la confianza hasta niveles ya poco seguros. Llegó a un punto en que nos confesamos todo, hasta lo más oscuro de nuestro pasado. Para mí, contar eso no es ningún problema, no son ningún secreto las cosas horribles que he hecho y por las que he pasado, y por supuesto siempre habrá quien haya pasado por peores. Pero así mismo me entero de las cosas por las que pasaron otras personas, generalmente cercanas a mí, y alertan mi sentido empático y sobreprotector. Asdf conoció todo de mí, le conté mis sueños, mis metas, mis recuerdos más alegres y los más horribles, mis miedos, mis traumas, mis tristezas. Pero, ¿quién sabe si algo de lo que le conté es verdad siquiera? Aún así, ella respondió a esa confianza contándome hasta los más bajos detalles de su pasado. Conozco los traumas de su niñez, sus miedos, sus condiciones físicas y mentales. Conozco lo que Qwer le hizo, lo que la hizo hacer. Sé que él la violó, más de una vez (aunque para ser sincero, no sé si aún llamarlo violación a partir de la segunda). Sé que él la golpeaba, la agredía física y emocionalmente. Sé que él la chantajeaba y la obligaba a realizar actos morbosos contra su voluntad. Sé que él la embarazó una vez, y le produjo un aborto de una patada al enterarse. Sé que él la obligaba a estar con él, de cualquier forma que hallara.

Díganme ahora, ¿no es eso suficiente para odiar a tal grado a una persona? Debo decir que, Asdf no es la primera persona con quien tengo relación, que ha pasado por este tipo de cosas; ya una vez conocí a alguien con experiencias similares en su pasado, pero sin embargo no odié a quien lo hizo, ni nunca anhelé ponerle un dedo encima. ¿Qué era lo que lo hacía diferente esta vez? Por un lado, era el hecho de que lo de Asdf seguía sucediendo, aún en el tiempo en que yo la conocí (y de hecho, el haberme conocido empeoró las cosas). Por otro lado, y es algo de lo que puedo darme cuenta ahora, después de que todo aquello terminó, y puedo meditarlo con la cabeza fría, es que no lo odiaba a él realmente. No odiaba a Qwer, sino que odiaba la impotencia que sentía de no poder hacer nada al respecto, odiaba las leyes y normas que se me infundieron y me impedían arrancarle la garganta con mis propias manos. Me odiaba a mí mismo por no hacer nada, por no haber hecho lo correcto, por haberme involucrado en una situación delicada en la que no debería tener nada qué ver. Pero sobretodo, la odiaba a ella, odiaba a Asdf por hacerme pasar eso, por no permitirme hacer nada, la odiaba por no acceder a las soluciones que se le proponían, por no querer dejar ese lugar donde vivía con él, por no denunciarlo por lo que ha hecho y conseguir que lo encerraran, la odiaba por ser tan cobarde y no tener el valor de enfrentarlo, la odiaba por sus estúpidas y precipitadas decisiones que tomaba por ambos, con la excusa de “protegerme“. La odiaba porque no lograba comprender cómo podía seguir soportando eso, aún teniendo la salida frente a ella. La odiaba porque aún ante los chantajes e intentos de suicidio de Qwer a la más mínima insinuación de que Asdf lo dejaría, ella seguía con él y lo cuidaba para que se recuperara. La odio porque en esos momentos hasta yo recé para que Qwer saliera. Ya no tenía caso odiarlo a él, su miserable existencia era ya más tortura de cualquier cosa que yo hubiera podido hacerle. No, en realidad odiaba a Asdf.

Sé que alguna vez dije que no tendría motivos para odiarte o siquiera guardarte rencor. Mentí. Te odio. Eres tú, el ser más repugnante que haya conocido en mi vida. No te deseo ningún mal, y por eso deseo que jamás en tu vida vuelvas a encontrarme.

Continuará…

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