10 cosas que me hacen feliz

Con la finalidad de tener material para publicar al menos una vez al día, y practicar y mejorar mis habilidades de escritura, decidí comenzar este pequeño desafío. Tengo una lista de 30 temas, uno para cada día durante un mes, así que cada día estaré escribiendo sobre el tema correspondiente, sea como sea. El primer tema para hoy es 10 cosas que me hacen feliz, así que a darle, y veamos si puedo encontrar esas 10 cosas…

A pesar de mi apariencia y constante actitud de amargado, se puede decir que soy una persona relativamente feliz. Digo, como todos en el mundo, tengo mis problemas, pero sé que siempre habrá gente que la tenga más cabrona que yo, y que, aún así, eso no los detiene para seguir adelante como si nada pasara. Por eso, aunque me esté llevando la chingada (muy a mi modo), procuro no enfrascarme tanto en la chingada, sino en chingarle. El secreto está en encontrar esas cosas, esos detalles, por pequeños que sean, que te sacan una sonrisa o te tranquilizan cuando todo parece estarse yendo a la mierda. Aquí están mis 10 cosas que me ayudan a lograrlo:

  1. Música: Ok, primero que nada, notarán que algunas de las cosas de esta lista son algo, mundanas. Y es que, realmente a pesar de todo no soy tan exigente en ese ámbito. Tal vez sí pueda ser algo específico a veces, pero tampoco estoy tan amargado como para que hasta las cosas aparentemente más pequeñas puedan hacerme feliz. En fin, la música, es algo que ha estado en casi toda mi vida. Así como otras formas de arte, como la danza y la pintura, la música fue parte del legado de mi familia por muchos años (y digo fue, porque sinceramente no veo esperanza en las nuevas generaciones). Desde muy pequeño siempre tuve directa o indirectamente una cierta influencia musical, por un medio u otro. Cuando por fin tuve la oportunidad de aprender formalmente a tocar un instrumento –la guitarra– me di cuenta de mi gusto y mi capacidad por ello. Descubrí que tenía facilidad para tocar y aprender, y eso me motivó a seguir. Después de la guitarra, fue el bajo, instrumento en el cual continúo y el que he tocado en muchas bandas desde hace más de una década. Pero no se trata sólo de tocar, la música en todas sus expresiones es algo que siempre me tranquiliza. Por supuesto, tocar (solo, en vivo, o en algún ensayo) es una experiencia adrenalínica y endorfínica incomparable, me hace sentir liberado y desinhibido; realmente, soy otro completamente al subir al escenario. Pero también disfruto de componer, casi desde que comencé a tocar un instrumento. Claro, con el tiempo la calidad y estilo de mis composiciones ha ido progresando y variando muchísimo, pero me fascina cómo puedo convertir alguna experiencia personal o alguna frase o palabra que cruza de repente por mi mente, en una melodía o canción. Y claro, nada de esto sería posible sin escuchar música. Es algo que hago básicamente todo el día: Mientras me baño, en el trabajo, mientras cocino, en casa relajándome, mientras leo, en el camión, solo o acompañado, hasta en este mismo momento estoy escuchando música. Con sus obvias excepciones, soy bastante abierto en cuanto a los géneros que escucho. Y cada vez agrego más a mi lista. Claro, tengo los géneros con los que inicié y los que sigo escuchando hasta la fecha (como el nü metal, y el metal y rock de los 70’s y 80’s), pero cada vez expando mis horizontes musicales hasta a géneros que parecieran no tener nada que ver con el resto de mis gustos, pero me encanta, conocer nuevas bandas o artistas, nuevos géneros, experimentar con nuevas mezclas que en cualquier otro tiempo se habrían creído imposibles. Escuchar, componer, tocar, sentir. La música me hace feliz.
  2. Videojuegos: Otra de mis ya obvias y mundanas pasiones, son los videojuegos. Siendo un gamer empedernido desde hace más de 20 años, es algo que continúo haciendo y sé que seguiré haciendo por años y generaciones. Y al igual que con la música, es algo para lo que soy muy abierto en cuanto a géneros. Claro, en realidad no soporto los juegos de deportes, como muchos, pero así como puedo pasar una noche entera jugando Pokémon, mi juego favorito, o valiendo madre en el Smash, también puedo moverme como chachalaca poseída en una buena reta de Just Dance, o hacer corajes por gusto en algún juego que sea famoso por lo malo que es. También es algo de lo que me encanta hablar, y una vez que me dan vuelo, ya está cabrón que me callen. Claro, siempre y cuando sea con alguien con quien se pueda hablar de eso. Otra forma de notar mi gusto por los videojuegos, es mi colección. No es la gran cosa, y en realidad apenas consta de algunos 60 títulos y 13 consolas, que aunque suenen como mucho, en realidad son muy poco a comparación de lo que existe en realidad. Pero ahí la llevo, y siempre que puedo añado algún título a la colección, que también incluye cualquier otro tipo de cosas relacionadas, como figuras, peluches, posters, playeras, etcétera. Pero creo que lo mejor de coleccionarlos es recordar aquellos juegos que marcaron mi infancia y que me dejaron tantos buenos recuerdos. Por todas las emociones que me hacen experimentar, y todas las memorias que dejan en mí, los videojuegos me hacen feliz.
  3. Comida: Y con esto concluye la trifuerza de cosas que me hacen feliz. Son las tres cosas que están más presentes en mi vida y que más disfruto. La comida, por supuesto, es una de ellas, y para muestra basta un botón: el botón que salió volando de mi pantalón al tratar de abrocharlo, a.k.a. estoy gordo por tanto tragar, pero estoy feliz. La ropa ya no me queda, pero la comida siempre estará a la talla perfecta. En serio, me encanta la tragadera, y no le pongo peros básicamente a nada. Pero por supuesto, ante todo no hay como unos buenos tacos, aunque también me encanta la comida italiana y japonesa, y la comida china aunque la hagan con ratas y perros. Ah, y claro, me encanta cocinar. Porque qué mejor manera de saber lo que te estás tragando que hacerlo tú mismo. Cocinar es excitante y a la vez relajante, me vuelvo loco al cocinar, y al sentarme a probar el resultado es un estado de éxtasis por todo mi cuerpo. Comer y beber son placeres excepcionales que hay que saber apreciar, y saber disfrutar todas y cada una de las formas en que se manifiestan hace que cada comida, por pequeña que sea, se vuelva una verdadera experiencia inolvidable. Por todos los kilos de amor que le han sumado a mi ser, la comida me hace feliz.
  4. Aprender: Hace muchos años, un profesor dijo que un día en el que no se aprende algo nuevo, es un día en vano. Y fue desde entonces que he vivido con esa filosofía; podría decir que se ha vuelto mi mantra. Siempre estoy buscando aprender algo nuevo, me fascina lo nuevo, lo desconocido. Ya sea un nuevo idioma, un nuevo lenguaje de programación, una nueva receta, alguna nueva técnica de algo, lo que sea, aunque sea algo que tal vez no voy a volver a usar en mucho tiempo, pero aprenderlo, saber que puedo hacerlo, descubrirme capaz de lograr algo que no sabía o creía posible, eso es lo emocionante. Repudio el pensamiento que mucha gente tiene, especialmente en la secundaria o preparatoria, de “¿y eso de qué me va a servir en la vida?” Agh, me da asco esa pregunta y quien la hace, es lo más estúpido que alguien puede preguntar. Dudar del conocimiento debería ser pecado, o crimen. Todo conocimiento es útil en la vida, tal vez no para ganar dinero o comida, pero nunca está de más saber algo que podrás utilizar cuando menos lo esperes, porque si hay algo de lo que nunca se tiene demasiado, es conocimiento. Tal vez ahora no sepas para qué te servirá saber cálculo integral, tal vez ahora no vas a ir a comer y pagar con integrales, ni te vas a topar un ladrón en la calle que no te hará daño si resuelves una derivada. Pero en primer lugar, saber eso te va a servir para pasar el puto curso y que sirva de algo lo que gastan tus papás en tu escuela (porque si vas con esa pinche actitud, es más un gasto que una inversión), y después, quién sabe, tal vez te conviertas en un científico de la NASA y descubres todos los secretos del viaje intergaláctico o interdimensional gracias a que sabes cálculo. Por eso, por la innumerable cantidad de oportunidades que me ha abierto y me seguirá abriendo todo lo que he aprendido en mi vida, aprender me hace feliz.
  5. Escribir: Creo que esto es algo obvio, aunque a veces deje meses sin hacerlo. Desde hace como 10 años comencé con mis primeros blogs, hablando sobre lo que hacía durante el día, sobre algún evento o acontecimiento interesante, o sobre cualquier babosada que se me ocurra. Y sé que no soy ningún Shakespeare ni Miguel de Cervantes Saavedra, pero me gusta la libertad de expresión que tengo al escribir, aún si nadie lee lo que escribo, no lo hago sólo por eso, sino como medio de canalización de mis pensamientos y sentimientos. Me gusta es estilo propio de todo lo que escribo (que creo que es bien pinche obvio cuál es mi estilo), y después releer lo que escribo como si fuera algo nuevo, y cagarme de risa con mis babosadas. Es que la neta, soy bien baboso, y eso me encanta. Realmente al escribir puedo expresar por completo todo lo que normalmente no podría expresar hablando, por eso, escribir me hace feliz (aunque lo que escriba muchas veces haga infelices a otros…).
  6. Leer: Y para saber escribir, hay que saber leer. Por eso hay tanta gente adulta que escribe como niña moxxita de secundaria. No voy a ponerme en el plan mamón y altanero de “soy mejor que tú porque yo leo“, pero la verdad es que leer ayuda muchísimo a mejorar la gramática y la ortografía. Digo, si solamente has escuchado una palabra y nunca la has visto pues ¿cómo piensas escribirla? Admito que hasta hace algunos años no me gustaba para nada leer; mi abuelo, que en paz descanse, solía llamarme “enemigo de los libros“, y con justa razón. Nunca realmente tomaba un libro para leerlo tranquila y detenidamente, y cuando lo intentaba lo dejaba a las pocas páginas. Pero de algunos años a la fecha he vuelto la lectura un hábito más que un hobby, todo desde que conocí el bello género del terror cósmico. Tengo para culpar (o agradecer) por eso a Howard Philip Lovecraft, máximo exponente del género, con su vasta mitología y relatos fantásticos que te restan cordura cada vez que los lees, pero te sumen en una demencia tan deliciosa que es difícil o imposible resistirse. De ahí que adoptara tal gusto por la lectura de ese y otros géneros (como el distópico, otro de mis favoritos), y a su vez por escribir más. Leer, aparte de dejarme cada vez más loco, ha trabajado mi imaginación como nunca, pues no puedo evitar crear imágenes y escenas de todo lo que leo, y más con autores tan descriptivos como Lovecraft. Por toda la inspiración y educación que me ha dejado, leer me hace feliz.
  7. Sexo: Ok, seamos directos y honestos: Me encanta coger. Sí, en este blog no nos andamos con santurradas ni pelos en la lengua, aquí digo las cosas como me nace y se me hinchan de decirlas. Total, ya saben que si no les gusta lo que escribo o cómo lo escribo, pueden pintarle a rechingar a su madre, cortesía de la casa. Pero ya, en serio, ¿a quién no le gusta coger? A menos que hayan hecho un voto de celibato por equis razón, cochar es uno de los más grandes placeres de la vida y hay que disfrutarlo como se debe. Digo, a fin de cuentas, la finalidad de toda especie es la de preservar su existencia por medio de la reproducción, ¿y cómo nos vamos a reproducir para lograrlo? ¡pues cochando! Pero no sólo es eso, no es sólo el sexy time lo que me gusta del sexo. Desde mis primeras experiencias sexuales me ha ayudado a combatir miedos e inseguridades que tenía sobre mí mismo, sobre mi cuerpo y mis capacidades. Y en todas sus expresiones y formas por más inusuales que sean, genital, oral, anal, telefónico o cibernético, solo, con una persona, con dos personas, sadomasoquista, por amor o por simple cachondez, en la cama, en el baño, en la sala, en la cocina, en el consultorio, en casa propia o ajena, con cualquier persona o con la persona indicada, el sexo siempre deja algo bueno, aunque sea una sonrisa pendeja de recién venido. Nomas sí, cuídense, para que luego no deje algo malo o no deseado. Por tantas noches y días tan literalmente placenteros, el sexo me hace feliz.
  8. Dinero: Sí, sé que tal vez sea un error basar la felicidad en las posesiones materiales, pero a fin de cuentas, es mi pinche felicidad, y mi pinche concepto de la misma, y si eso me hace feliz a mí pues que les valga madre. También sé que el dinero no puede comprar la felicidad, pero puede comprar un pingüino, ¿y cuándo han visto a alguien infeliz que tenga un pingüino? (excepto tal vez a Jim Carrey, él sí se veía bien pinche estresado de repente). Pero no me refiero al dinero como algo meramente material, como tener la billetera o los bolsillos llenos de billetes y monedas de gran denominación, sino a la recompensa al esfuerzo de un trabajo realizado, como el sueldo o el pago por un servicio, y a la libertad e independencia de poder adquirir por mis propios medios lo que deseo adquirir, como comida, videojuegos, libros, o todas las demás cosas que me hacen feliz. Porque claro, nada es gratis en esta vida, y no quiero decir que el que no tenga dinero no va a ser feliz, porque claro que puede serlo, y seguro tendrá también lo que lo haga feliz, pero el dinero, más que una fuente de felicidad, es más bien un medio, un conducto hacia ella, veámoslo como un atajo, pues. Es el saber apreciar lo que representa el dinero, lo que produce la verdadera felicidad por el mismo. El dinero no representa la felicidad en sí, ni una superioridad ante otros que tienen menos o no tienen, representa más bien el trabajo y el esfuerzo que uno realiza día con día para obtenerlo, ya sea para sí mismo, para su familia, amigos, o ayudar a otros. Por eso, por la recompensa que representa y el poder compartirlo con quienes más me importan, el dinero me hace feliz. Y ya que estamos en eso…
  9. Amigos: Dicen que Dios nos da a los hermanos, y nosotros escogemos a los amigos. Y como a mí no me dio hermanos (al menos no completos, pero ya hablaré de eso después), pues escogí a mis amigos como mis hermanos. Mis amigos son de lo más importante en mi vida, y sé que no me van a dejar mentir al respecto. Son personas con quienes tengo muchas cosas en común, que es lo que nos une al principio; pero que son diferentes a mí en muchos otros aspectos, y son esas diferencias las que nos complementan y nos mantienen unidos. Mis amigos son mi familia, a veces más aún que mi familia de sangre. Con ellos puedo compartir todo lo demás que me hace feliz, y ellos comparten lo que los hace felices conmigo. Y aunque sé que he cambiado mucho de amigos a lo largo de mi vida; como toda persona en la vida de alguien llega por una razón y se va por otra, pero al menos por mi parte, sé que he sabido aprovechar al máximo el tiempo que mis amigos se queden en mi vida, por mucho o poco que sea. Tal vez no tengo un amigo de la infancia o de toda la vida, pero los que tengo ahora los aprecio como si así lo fueran, y es que todas nuestras experiencias, tanto personales como ya a lo largo de la amistad, hace parecer que nos conociéramos de toda la vida, como si pudiéramos conocer y comprender lo que el otro piensa y siente. Por ese vínculo tan grande y único, todas las experiencias pasadas, presentes, y a futuro, mis amigos me hacen feliz.
  10. Una persona con quién compartir todo esto: Y para extender en el tema de los amigos, lo que más feliz me hace sobre todas las cosas, es poder compartir con alguien en especial todo eso que me hace feliz. No, no quiere decir que mi felicidad dependa de otra persona, no, mi felicidad depende de mí mismo, y con todo esto que he enumerado aquí, o incluso con una sola cosa de la lista, puedo ser feliz por mí mismo, para mí mismo. Pero tener alguien con quién compartir eso, esa felicidad, es lo que multiplica exponencialmente esa felicidad. Y obviamente, si esa persona también comparte su felicidad conmigo y esa felicidad se multiplica exponencialmente también, y esos dos exponentes aún se multiplican entre sí, pues, bueno, do the math, el resultado es una felicidad incomparable que trasciende tiempo y espacio, y no conoce límites, sino que crece día con día sin ver final en el horizonte, y para mí, eso es el amor. Por eso, tener con quién poder compartir todo lo que me hace feliz, desde lo más mundano como la comida y los videojuegos, hasta lo más profundo como mi propia historia, poder compartir con esa persona los ratos con mis amigos, tener a una persona especial con quién compartir mi felicidad, mi vida misma, me hace feliz.

 

Pues ahí lo tienen, mis 10 cosas que me hacen feliz. Espero y les haya gustado mi lista y más que nada, que les haya servido para conocerme un poco mejor, porque no está de más, soy bien chido si se dan la oportunidad de conocerme, fuera de mi cara de mamón enojado o mi actitud seria o reservada. Y así mismo espero y les haya ayudado a decidir el seguir pendientes de mi blog, porque vienen más y mejores cosas, aún hay mucho más sobre qué escribir, y así lo haré, así que pónganse al tiro, y aquí los leo para la próxima. Y para despedirme por hoy, ahora yo les pregunto: ¿qué es lo que los hace felices a ustedes? Como ya saben, siéntanse libres de dejar su respuesta en los comentarios, así yo también los conoceré mejor, y así todos seremos felices.

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6 thoughts on “10 cosas que me hacen feliz

  1. “Oh, 10 cosas sobre Sköm… Bueno, solo son 10, vamos a leerlo, que puede salir mal?”

    Machotemildeparrafosinfinitossinespaciado.
    UnagrandosisdeTMI.Yyosoloqueriacomentarquemehacenfelizlosgatitos.

      1. Prefiero la escritura descriptiva que estimule la imaginación del lector. Y estoy seguro que la estimulé a niveles que no podrán sacar de sus mentes.

    1. Como podrás haber apreciado en el escrito, estimad@ lector/a, es mi estilo de escritura, y el hecho de que una vez que comienzo a escribir, me explayo sin conocer límites hasta que me doy cuenta que ya he escrito demasiado, pero para entonces ya llevo tanto escrito que si parara abruptamente en ese momento la escritura perdería el sentido, así que tengo que seguir hasta poder llegar a un punto en que deba detenerme.

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