22 años

22 años, ¿y qué has hecho de tu vida?” – me preguntó, en tono déspota y burlón. No es lo que uno espera escuchar en su cumpleaños, mucho menos de una persona por quien se tiene tanto aprecio. Pero lo peor es que tenía razón; para el momento en que hizo esa pregunta, cuando recién cumplía yo los 22 años, ¿qué había logrado en realidad con mi vida? No tenía una carrera, no tenía un trabajo, no tenía realmente un gran logro qué presumir, ciertamente no tenía nada. Nunca debió haber preguntado eso.

Aquella cuestión desató dos consecuencias polares; por un lado, quedé tan marcado por la lentitud del progreso en mi vida, que me apresuré a hacer algo con ella, intentando recuperar el tiempo perdido durante esas dos décadas. Ese mismo año, pocos meses después, ya estaba comprometido y esperando un hijo. Cómo pensaba hacerme cargo de una familia en esas circunstancias, no tengo idea, pero al menos así habría hecho algo de mi vida, ¿no?. Afortunadamente nada de eso logró llevarse a cabo, de lo contrario no sé dónde habría terminado, mientras podría responder a la pregunta de ¿qué he hecho con mi vida? con “mandarla a la verga por pinche atrabancado“.

Por otro lado, me dejó pensando incesantemente sobre qué había hecho en realidad de mi vida. Quizá a los ojos de quien había estado viviendo bajo una sombra opresora toda su vida, mi insignificante existencia carecía de sentido. Pero la realidad era que para estándares más relajados, no estaba perdido después de todo. Comencé a recapitular aquellas pequeñas hazañas que fueron dando forma a mi vida, poco a poco, y me di cuenta que no son los grandes logros, títulos, viajes, trabajos, trofeos o familias, sino los acontecimientos pequeños, pero de gran valor y significado, los que van formando y dando sentido a lo que somos.

¿Qué había hecho de mi vida a los 22 años, preguntas? Te lo diré: Dominé un idioma prácticamente por mi cuenta, logré vencer el miedo de subirme a un escenario a tocar y cantar yo solo para un público, ya había compuesto varias canciones por mí mismo, ya había tocado con varias bandas de muy distintos géneros, con una de las cuales ganamos el primer lugar en una guerra de bandas, y tocando un instrumento que aprendí a tocar completamente por mi cuenta, y para el que sin afán de presumir me considero bastante bueno. Aprendí también a diseñar y programar páginas web por mi cuenta, y para entonces ya había sacado dos álbumes completos de composiciones mías. Tuve una experiencia cercana a la muerte en el Puente de Ojuela, tuve una pequeña gira local con una banda, ayudé a organizar varios eventos en la ciudad donde vivía entonces, fui el mejor promedio en una de las carreras que estudié, y en ese mismo tiempo y lugar, fui el mejor alumno en la clase de japonés, gané algún concurso de coro en la primaria, y en preparatoria fui la razón por la que todo el colegio tuvo que hacer un ensayo sobre tabaquismo, cuando me vieron comprando cigarros después de clases (no ayudé en nada a que los demás no fumaran, pero al menos fue divertido saber que les jodí unas horas de su vida con eso). Aprendí a cocinar, viví unas horas en Monterrey, descubrí muchas de mis capacidades, fui perdiendo poco a poco la timidez que me impedía hacer muchas cosas, conocí verdaderos amigos, me enamoré, me mandaron a la mierda, me amargué, me aliviané y me volví a enamorar. Luego hice que una profesionista mayor que yo y de fuera de la ciudad se enamorara de mí y viniera a verme, para eventualmente terminar preguntándome ¿qué había hecho de mi vida?. Y todo para que meses después ella terminara andando con mi primo que es 7 años menor que ella y teniendo un hijo con él… Peeeeeero esa es otra historia.

El punto es el reconocer esos pequeños logros que vamos acumulando en la vida, no importa si no tenemos un título o el trabajo soñado, lo importante es siempre tratar de dejar marcas de nuestros más pequeños logros por todo el camino, más que dejar una sola de un logro grande sin otras que le sigan o le precedan por mucho tramo. Son esas pequeñas marcas las que definen lo que somos, y no las grandes y ostentosas que otros esperan ver. Está en nosotros valorarlas y hacerlas parte de lo que somos día con día, pues sólo apreciando los logros más pequeños, podemos apreciar realmente los más grandes y el esfuerzo que representaron. Ah la madre, ando muy motivacional hoy… Algo anda mal.

¿Cuáles son esas pequeñas cosas que los han hecho lo que son, y los hacen sentir orgullosos por eso?

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