Pues llegó el momento, es hora de contar lo que bien podría ser la historia más culera de mi vida. Muchas personas estuvieron presentes en esos momentos, otras ya conocen la historia, incluso he hecho mención de ella en algunas otras entradas; pero no todos conocen el por qué del nombre, o la verdadera historia detrás del Proyecto Luciérnaga.

Espero y estén sentados y con la vejiga e intestinos vacíos, porque esta historia podría ocasionar movimientos intestinales involuntarios. Es una historia larga, pero procuraré narrar todo en una sola entrada, para evitar todo el drama de hacerla en cuatro partes como, otras historias…

Para comenzar a contar esta historia es necesario regresar en el tiempo a una época oscura y temible, conocida como el año 2010. Bueno en realidad fue un poco antes, finales de 2009 pero todo el pedo fue en el 2010. En fin, mis amigos y yo nos preparábamos para despedir el 2009 con una fiesta masiva con mucho alcohol y música de rock n’ roll; y mientras hablábamos sobre los invitados a tan galante evento, uno de mis amigos hizo mención de una amiga suya de fuera de la ciudad, a quien pensaba invitar a asistir a la fiesta. Entonces Sköm, o sea yo, como el joven y pendejo caballero que era (ya no soy tan joven ni tan pendejo), de manera quizá jocosa e involuntaria, abrí la bocota para articular la pregunta que se ha vuelto sinónimo de peligro y de que todo va a salir mal… ¿Está buena?

No sé, tú vela” – respondió mi amigo antes de pasarme la página de MySpace de la chica en cuestión. Wey, MySpace, sí que fue hace mucho más tiempo del que parece. Así que procedí a revisar minuciosamente dicha página y, pues sí, estaba buena. Le envié una solicitud de amistad, y la aceptó a la brevedad. Rápidamente comenzamos a platicar, presentarnos y conocernos, llenando nuestros respectivos muros de mensajes. Conforme continuaba la plática, se volvía tedioso tener que revisar nuestras páginas constantemente en espera de una respuesta, así que decidimos llevar la plática a MSN (Wey, todavía existía MSN :’c ). En fin, llegó el día de la fiesta, y ella no pudo venir. Recuerden que mencioné que era de fuera de la ciudad, adivinen de dónde… Así es, CDMX. En fin, el que no viniera no me fue impedimento alguno para terminar completamente pedo y enfiestado mientras veía cómo los cholos de la colonia se metían a hacerla de pedo y aventaban piedras y botellas al lugar. Bueno, aún después de su inasistencia al evento, seguíamos platicando y conociéndonos, ya entrado el maldito 2010. Y como era de esperarse, con el tiempo comenzamos a… desarrollar sentimientos uno por el otro. Obviamente no hablábamos de ello, pero mi amigo fue testigo y cómplice de eso, así que fue quien nos hizo saber lo que cada uno le contaba sentir por el otro. Fue así como nos enteramos de lo que sentíamos uno por el otro, pero aún así no lo hablábamos, hasta que fue ella un día quien decidió confesarlo, después de algunas indirectas que yo bien sabía a dónde querían llegar.

Así pues, confesamos lo que sentíamos uno por el otro por fin, pero aún así, resolvimos que no serviría de nada, estábamos a cientos o miles de kilómetros de distancia, no tendría sentido, no funcionaría. Pero como sabemos que pasa siempre en mis historias, siempre que sé que algo es una pésima idea, termina valiéndome madre y lo hago de todas formas, porque, #YOLO o algo así. Así que días después, le dije que habría que intentarlo, que hallaríamos la forma de hacerlo funcionar si en verdad tenemos la intención de hacerlo. Creo que no hace falta recordar cómo es que terminó todo eso, pero oh bueno, tengo que terminar de contar la historia. Total, después de hablarlo detenidamente, comenzamos una bizarra relación a distancia, así, sin siquiera habernos visto antes, ni nada. Claro, estaba la intención de algún día vernos, pero estando yo sin trabajo ni alguna forma a la mano de conseguir dinero como para un viaje así, me sentía bastante limitado. Pero un par de meses después, ella me dijo que me enviaría un paquete, y que lo recogiera en casa de mi amigo. Así que el día que supuestamente llegaría el paquete, me dirigí a casa de mi amigo, sólo para descubrir que no estaba, ni había ningún paquete. Así que esperé por un rato a mi amigo en su casa, porque también se suponía que tendríamos ensayo con nuestra banda de aquel entonces. Un par de horas más tarde, regresó a su casa para encontrarme ahí, y al verme no tuvo opción mas que darme la noticia: Ella venía para acá.

Me emocioné y me consumían los nervios, ya esperaba algo así, pero el saber que era una realidad me exaltó por completo. El supuesto plan era que ella llegaría desde muy temprano, y cuando fuera a casa de mi amigo a buscar el supuesto paquete, sería a ella a quien encontrara. Pero debido a dificultades en el camino, su llegada se retrasó por muchas horas, así que el plan no resultó como esperaban. Aún faltaban varias horas para que llegara, y yo tuve que irme a un asunto familiar, pero en cuanto pude, y supuse que era hora que ya habría llegado, me dirigí de nuevo a casa de mi amigo… sólo para encontrar que otra vez no estaba. Me dijeron que habían salido y a dónde, así que decidí ir a buscarlos a donde me habían dicho, pero en cuanto estaba saliendo, los vi regresar, y junto con mis amigos… venía ella.

Verla por primera vez me llenó de una reconfortante emoción, y mi primer instinto en ese momento fue tomarla y abrazarla tan fuerte como me fuera posible. No podía creerlo, finalmente estábamos juntos, aunque fuera por sólo un par de días. Esa noche tuvimos fiesta en casa de mi amigo, y todo era felicidad. Mis amigos la adoraban, e incluso me ayudaron a convencerla de quedarse un día más. Cuando finalmente tuvo que irse, fue realmente triste; el sólo pensar en hasta cuándo volveríamos a vernos, la agonizante espera desde el momento en que la vería partir, hasta que volvería a estar con ella, era insoportable, pero estaba dispuesto a resistir y hacerlo funcionar.

Un mes después, volvió a venir. Entonces ella estaba como residente de una clínica en el Estado de México, así que su sueldo junto con el apoyo económico de sus padres, le permitieron costear los viajes hacia acá cada mes. Y así fue que nos vimos por un par de días al mes, durante algunos meses. Durante sus visitas todo estaba bien, pero durante las largas esperas de un mes que parecían hacerse cada vez más largas, era cuando surgían las dudas y comenzaban a dificultarse las cosas. En repetidas ocasiones intentó terminar la relación por alguna razón u otra, que cada vez más parecían ser sólo excusas más que razones válidas. Pero en una de las primeras ocasiones, fue cuando decidió contarme uno de los más grandes secretos de su vida: el hecho de que había sido aviolentada por uno de sus exnovios cuando apenas era una adolescente, lo que resultó en la concepción de quien hasta el momento en que me lo contó, yo creía que era su hermano menor. No, en realidad era su hijo, a quien su madre crió como suyo dado que ella aún era muy joven y no podría hacerse cargo debidamente. Saber eso fue impactante, claro, pero obviamente no fue motivo para juzgarla de ninguna manera, pues eso no me corresponde. Habiéndome contado eso, cuestionó el hecho de que quisiera seguir en la relación con ella, pero siendo la persona tan comprensiva que soy, no fue impedimento para mí para seguir adelante. Aún así, cada vez que estábamos lejos había una nueva discusión que algunas veces llevaba a terminar temporalmente la relación, sólo para retomarla al poco tiempo; era enfermizo, claro, pero lamentablemente no me daba cuenta de eso, aún con los comentarios de mis amigos, quienes ya se habían dado cuenta la clase de persona que era ella. Pero yo estaba cegado, apendejado más bien.

Aún con todo eso, seguíamos adelante, hasta que por alguna precipitada y estúpida razón, decidimos comprometernos. Tal vez pensamos que esa sería la solución a nuestros problemas, estúpidamente, pero a partir de ahí todo se volvió aún peor. Entonces fue su penúltima visita aquí, y días antes de que llegara, comencé a preparar todo para formalizar el compromiso. Hay muy pocas cosas de las que me arrepiento en mi vida, de hecho creo que lo único, es haber vendido mi DS para poder comprar el anillo, que más tarde apodaríamos el anillo maldito, por obvias razones. Así pues, ella llegó, y cuando fue el momento oportuno, saque la pequeña caja negra que contenía la endemoniada joya, hice la debida pregunta, y obtuve la respuesta positiva que ya sabía que tendría. De alguna forma y por alguna razón, estaba comprometido, me iba a casar. No sé que estaba pensando, o si estaba pensando siquiera, creo que no. Tenía 21 años, realmente era demasiado joven y pendejo.

Al mes siguiente fue su última visita, justamente para mi cumpleaños, mi cumpleaños número 22. En efecto, fue ella, mi entonces prometida, quien me hizo la pregunta que me hizo cuestionar toda mi existencia y mi propósito -de haberlo- en la misma. Luego de la desagradable plática, algo salió mal; de repente comenzó a hiperventilar, y a sentirse muy mal. Yo ya estaba enterado de su condición física, pero no supe qué hacer en ese momento. Mi primera reacción fue querer llevarla al hospital, a lo cual se rehusó, en favor de su grandiosa idea de mejor ir a la central y tomar un autobús de regreso a su ciudad. No podía permitir eso, pero se negaba a recibir cualquier ayuda, incluso llegando a la central. Insistí en que no era prudente que se fuera en ese estado, no podía aceptar el pensar que algo pudiera pasarle en el largo camino de regreso, pero no escuchaba razón, y no desistía de su intención de irse, al grado de quitarse el anillo (les dije que estaba maldito), regresármelo, y mandar todo a la verga. Insistí un poco más tratando de hacerla entrar en razón, pero en un momento, un impulso de ira y desesperación me hizo dejarla ir, “Ok, lárgate si es lo que quieres…” le dije, me di la vuelta y caminé hacia la puerta. Estaba ya fuera de la central, y a punto de irme a donde quiera que pudiera llegar con el poco efectivo que traía conmigo, cuando de pronto escuché apresurados pasos que se dirigían hacia mí. Me giré y vi que era ella, quien corrió hacia mí y me abrazó llena de arrepentimiento. Finalmente accedió a quedarse esa noche hasta que mejorara su salud, reanudamos el compromiso, y todo parecía ir bien de nuevo.

¿Ya se cansaron? Pues lo siento, porque apenas vamos como a la mitad de la historia. Para el día de su última visita, ella ya había tenido problemas con mis amigos, debido a que sabían cómo se había comportado conmigo en ese tiempo, así que decidió que ya no podría venir pues no quería verlos. Así que su solución a esto fue que ahora yo fuera a verla allá. ¿Cómo, si yo no tenía dinero ni trabajo? Simple, con el dinero que ella habría usado para venir aquí. Viaje gratis, ¿por qué no? Así que al mes siguiente, emprendí el viaje a la enorme ciudad. Era mi primera visita allá, y estaba muy emocionado de conocer el lugar. Durante el tiempo que estuve ahí, me quedaba con ella en la residencia de la clínica donde estaba, y para evitar algún problema o malentendido con el resto del personal, tuve que hacerme pasar por su esposo. Digo, igual iba a serlo más adelante, pero sólo adelantamos un poco el título. Y así, pasé varios días allá con ella, en los que conocí el pueblo donde trabajaba, y parte del centro de la ciudad, y desde esa primera visita me enamoré del lugar; tenía que regresar, y eventualmente, tenía que vivir ahí. Y así fui varias veces más, cada mes, y todo estaba aparentemente bien. Hasta poco después de mi penúltima visita, en noviembre de ese 2010, nuevamente tuvimos una discusión estando lejos, ya no recuerdo ni por qué, pero fue lo suficientemente para nuevamente poner fin a la relación. Esta vez parecía que sería definitivo, hasta que, días después, un amigo que teníamos en común, me muestra una foto que ella había publicado… Una prueba de embarazo… Positiva. Inmediatamente me comuniqué con ella, buscando que me explicara lo que estaba ocurriendo. Omitiré indagar en los detalles del hecho, creo que son bastante obvios, pero efectivamente, estaba embarazada, esperaba un hijo mío.

Al mismo tiempo todo parecía demasiado sospechoso, como sacado de una telenovela barata de Televisa, pero decidí creer, a pesar de todo. Así que hablé con ella, e insistí en que no dejaría que un hijo mío naciera ni creciera lejos de mí; no permitiría que viviera lo mismo que yo. Volvimos a estar juntos, y estábamos por iniciar una familia. Todo era tan increíble. Días después me mostró la fotografía del primer ultrasonido, y ver ese diminuto cúmulo de células llenó mis ojos de lágrimas de emoción, y por primera vez en mi vida sentí una incomparable felicidad que jamás imaginé que llegaría a sentir. Le apodamos “luciernaguita“, por ser como una pequeña luz que iluminaba la penumbra por la que pasaban nuestras vidas. Y sí, ya sé lo cursi y trillado que suena eso.

Entonces, ya comienza a aclararse el por qué del nombre de esta historia. Más que nada, Proyecto Luciérnaga representaría mi esfuerzo e incesante intento por, a pesar de todo, estar cerca de mi hijo o hija, así implicara tener que pasar el resto de mi vida con alguien con quien las cosas ya no funcionaban, o de ser necesario, por los medios necesarios, reclamar la custodia sobre el o la infante. Pero tal y como el mismo nombre lo dice, todo quedo sólo en un proyecto, algo que realmente nunca se realizó. Aproximadamente al mes de embarazo, comenzaron las dificultades, debido a una supuesta enfermedad congénita de ella, y tras varias complicaciones, se pedió el diminuto cúmulo de células. Como ya sabrán fue un momento completamente devastador en cuyos detalles no pienso indagar nuevamente. Por muchos años, volver a ver la primera y única fotografía de luciernaguita era horriblemente doloroso, así que evitaba hacerlo cuanto podía.

Muchos de quienes estuvieron conmigo en ese momento llegaron a sospechar que todo había sido sólo un engaño, e incluso yo mismo llegué a pensarlo en un determinado momento, pero en ese entonces, decidí creer, decidí creer que aunque sea por un momento, estuve un poco cerca de cumplir mi más grande meta. Poco después de ese incidente, fue mi última visita a CDMX, en diciembre de 2010, bueno, la última con ella. A pesar de lo duro que había sido el suceso, seguimos adelante, y comenzamos a planear los detalles de la boda y todo eso. Hasta el día en que regresaría para acá, por alguna otra estúpida razón volvimos a discutir, y volvimos a terminar, esta vez con todo y lanzarme el anillo dramáticamente y todo el pedo. Recogí el anillo del suelo, y emprendí el camino de regreso a casa. Estaba furioso y triste a la vez, fue un largo camino de regreso.

Al final de cuentas, no volví a verla después de eso. Intentamos recuperar la relación después de eso pero obviamente no resultó. Y después de la separación definitiva, me sale nuevamente con que está embarazada. Esta vez sí era demasiado sospechoso, y sinceramente, fuera verdad o no, decidí esta vez no creer; ya no volvería a caer en el mismo engaño. Supuestamente, según me enteré mucho después, sí había sido verdad, pero tampoco se había logrado. Pero mientras que yo ya estaba ocupándome de otros asuntos, las cosas no parecen haber ido tan mal para ella. Al parecer había algo no sólo en mí, sino en la sangre de mi familia, que ella buscaba en su descendencia, la cuál al parecer añoraba para compensar el que su primer hijo tuvo que crecer como su hermano y no pudo darle el trato maternal que hubiera querido. Lo cuál también quizá explicaría por qué me consentía tanto y parecía a veces tratarme como si fuera su hijo. El caso es que, al final, logró engendrar una criatura con la sangre de mi familia, específicamente, de un primo mío, mucho menor que yo. Mis tíos trataron de culparme y responsabilizarme del hecho de que ese par se haya conocido y hayan hecho lo que hicieron, pero sinceramente, eso ya no era pedo mío, así que no me metí para nada en eso.

En fin, esa fue la historia del Proyecto Luciérnaga, y el horrible año 2010 en el que se desarrollaron los hechos. Del 2011 hasta la fecha puedo decir que las cosas han ido mejorando, poco a poco quizá, y con sus altas y bajas, pero todo para mejor a fin de cuentas. Pero bueno, espero y esta historia sirva para aclarar muchas dudas y cabos sueltos que quedaban en las que he contado anteriormente. Creo que es la historia más grande que he relatado, o la más reveladora, pero aún hay muchas más historias por contar. Y mejor aún, quedan muchas más y mejores por vivir.

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