No voy a preguntar si me extrañaron porque ya sé que no. O tal vez sí, pero les da pena decirme. Sea cual sea el caso, el día de hoy vengo a explicar la razón de mi larga ausencia de como un mes.

Entre trabajo, proyectos, hueva, y no tener nada de qué escribir (pero más que nada hueva), el principal motivo por el que he estado ausente este tiempo es que me quedé sin internet. Bueno, para ser sincero nunca tuve, en realidad usaba el de unos vecinos que amablemente accedieron a dejarme usarlo mientras yo contrataba el servicio para mi casa; pero hacer unas semanas por alguna razón cambiaron la contraseña de su módem, y la verdad ya no quise verme muy cargado de pedirla nuevamente. Así que, para solucionar esto, decidí que era momento de contratar mi propio internet.

Debido a que la colonia donde vivo es relativamente nueva, aún no hay infraestructura de muchos proveedores de internet, de hecho sólo hay uno: Megacable. Conozco todas las anécdotas sobre la compañía, pero debo admitir que el servicio en sí no está del todo mal, y a diferencia de los competidores tiene una mejor velocidad de carga (que me es útil para hacer streaming con mayor facilidad). En fin, no teniendo muchas otras opciones, un jueves saliendo de la oficina emprendí el camino al edificio matriz de la compañía en cuestión, esperando recibir la mayor calidad de respuesta en dicho lugar.

Llegué a las instalaciones y rápidamente me atendió un joven promotor que no inspiraba mucha seguridad de saber hacer su trabajo, pero la otra opción era una mujer de aspecto amargado y prepotente que parecía tener más ganas de estar en casa rascando su zona íntima, que de estar en las oficinas haciendo su trabajo. Así que le expliqué al joven mi solicitud: deseo contratar el servicio de internet. Después de explicarme por algunos innecesarios minutos diversas promociones residenciales para clientes con necesidades promedio, le expliqué que en realidad busco una mayor velocidad a la que acababa de ofrecerme, y que no necesito telefonía ni televisión por cable (el internet mismo básicamente cubre esas dos por sí solo). Me mostró entonces las demás opciones de velocidad disponibles, que por alguna razón, ya no podían ofrecerse por sí solas, sino que incluían el servicio de telefonía. No vi ningún inconveniente en ello, y finalmente me decidí por la velocidad de 50mbps. El joven empleado procedió a llenar la forma de mi contrato, y luego me explicó que la contratación lleva un costo de $100 para cubrirse al momento de la misma; me pareció razonable así que sin demora le hice entrega de dicha cantidad. Me explicó que el plazo normal de instalación es de 11 días hábiles, algo de lo que ya tenía yo conocimiento, pero añadió, que “debido a la demanda actual del servicio” el plazo podría ser menos, de entre 4 o 5 días hábiles. Me pareció excelente dicha reducción del plazo, y estimaba que se me instalaría el servicio al rededor del miércoles o jueves de la semana siguiente. Dimos por concluida la transacción y nos despedimos amablemente, mientras me explicaba que los técnicos de la instalación me contactarían por vía telefónica para avisarme una hora antes que irían a mi domicilio a hacer la instalación.

Pasaron los días; más lentos que de costumbre, pues estoy acostumbrado a por las tardes llevar a cabo alguna actividad que requiera el uso de internet. Y aunque tenía los datos de mi celular, estaba limitado cuando se trataba de video en línea. Finalmente, llegado el miércoles, recibí una llamada por la tarde de un número desconocido, que supuse sería de los técnicos para avisarme que irían a hacer la instalación. No fue así, era el promotor que me había atendido la semana anterior en mi visita a las oficinas. El motivo de su llamada era para informarme que, lamentablemente, no había podido llevarse a cabo la instalación del servicio contratado, ya que no se contaba con cobertura en mi colonia. “Está pero si bien pendejo“, pensé, mientras expresaba eso mismo con palabras más sutiles a mi colocutor. Le expliqué que su afirmación era, en efecto, errónea, ya que varios de mis vecinos cuentan con el servicio, hay cableado de la empresa por toda la colonia, e incluso en mi propio domicilio ya se contaba antes con el servicio, por el inquilino anterior. El promotor reconoció su falta y prometió llamarme al día siguiente después de revisar el error. Fue en ese momento que comencé a perder la paciencia y solté alguna que otra maldición hacia la empresa y sus empleados. No obstante, unos momentos más tarde, volví a recibir la llamada del promotor, esta vez para avisarme que, tras revisar la falla, el error había sido de los técnicos, quienes estaban confundiendo la calle de mi domicilio con la de otra colonia. Aunque me pareció una tremenda pendejada y una enorme muestra de incompetencia, accedí a volver al día siguiente a hacer el contrato por segunda vez, supuestamente para que esta vez ya no hubiera confusión sobre nada. Al hacer el contrato no noté ninguna diferencia en cuanto al anterior, lo que haría mi visita prácticamente innecesaria, pero por alguna razón confiaba en que esta vez harían bien su maldito trabajo. Para este segundo contrato, me dijeron que el plazo sería menor, pues se buscaría darle prioridad ya que había sido un error por parte de ellos lo que lo retrasó; así que en el transcurso de lo que restaba de la semana, debería estar recibiendo a los técnicos para hacer la instalación.

Pasó una semana entera, sin recibir ninguna novedad. Decidí comunicarme directamente con el promotor para indagar qué podría haber sucedido. Después de numerosas llamadas sin respuesta, finalmente atendió mi llamada, y al preguntarle cuál era el inconveniente esta vez, me dijo –fingiendo sorpresa de que aún no se me instalara el servicio– que los técnicos debieron haberme llamado para informarme la situación. Resulta que la velocidad que había solicitado en mi contrato, no estaba disponible en mi colonia, pues la máxima disponible en el área era de 20mbps. Exasperado, volví ese mismo día a las oficinas para realizar el contrato por tercera vez, esta vez por la velocidad indicada como máximo disponible, lo cual fue la única diferencia que noté respecto a los contratos anteriores. Insistí en mi urgencia por el servicio, y en el hecho de que ya se había retrasado dos veces por errores de los empleados, así que solicité que se le diera una prioridad adecuada a mi situación. El promotor asintió y se comprometió a que (siendo ese día viernes) el miércoles siguiente, ya estaría todo resuelto. Así que regresé a mi casa con renovada esperanza de que por fin tendría mi servicio y todos viviríamos felices por siempre.

Llegado el miércoles, nuevamente no había ninguna señal. Para la noche de ese día mi paciencia ya era mínima y me comuniqué nuevamente con el promotor. Esta vez, con más aparente sorpresa, me pidió que le enviara un mensaje con mi domicilio, y que con esto, él hablaría al día siguiente a primera hora con su supervisor para resolver de una vez la situación y que se me envíe el técnico ese mismo día. Me pareció justo, así que le envié los datos solicitados y esperé su respuesta al día siguiente. Por la mañana temprano me comuniqué con él para ver si había logrado resolver algo, sin respuesta. Durante todo ese día traté de comunicarme tanto por mensajes como por llamadas, sin ningún éxito. A la fecha no sé si ignoraba mis intentos de comunicarme, si había muerto, o si había sido secuestrado por extraterrestres, pero sé que se me estaba agotando la paciencia. Al día siguiente, ya bastante molesto, decidí ir por la tarde nuevamente a las oficinas para buscarlo y que, en términos comprensibles, dejara de hacerse pendejo y de esconderse. Llegué a las instalaciones y, él no se encontraba ahí. No teniendo más opción tomé un turno para el área de atención a clientes, y tras esperar casi una hora a que llegara mi turno, finalmente me atendió una señorita. Le expliqué todo lo ocurrido desde la primera vez que acudí a hacer el contrato, a lo que respondió buscando repetidas veces mis datos en el sistema –sin éxito– como para hacer tiempo. Luego de darse por vencida, me explicó que, efectivamente, los datos de mi contrato no habían sido ingresados en el sistema. Maldije en mi mente al promotor por no haber realizado tal tarea tan fundamental para la compleción del contrato, y la señorita que me atendía se disculpó un momento para plantear la situación a su supervisora, y buscar una solución. Luego de varios minutos regresó, y me explicó que, de hecho, los datos habían sido ingresados, pero de manera incorrecta, y que los técnicos habían ido a un domicilio equivocado. Reafirmé mi maldición mental al promotor,  y la señorita amablemente me ofreció una solución: ir al día siguiente con la papelería necesaria y hacer el contrato por cuarta ocasión, pero esta vez debería pasar directamente con ella al área de atención a clientes, sin necesidad de formarme; y tomando en cuenta todo lo sucedido, se me daría por fin la prioridad necesaria y el servicio quedaría listo al siguiente día hábil, o sea hoy.  Esto ocurrió el viernes. Algo que llamó mi atención fue que, cuando mencioné que ya había traído la papelería y que ya había copias de la misma que había sacado el promotor, esperando no tener que volver al día siguiente a llevarla, la señorita me comentó que tal promotor ya no trabajaba ahí. Me pareció curioso, pues hacía apenas dos días que había hablado con él y lo que me había dicho suponía que aún trabajaba ahí, al menos hasta el día anterior a esa última visita. Eso me hizo sospechar de lo que hacía en realidad en ese empleo.

Al día siguiente, sábado, me dirigí temprano por quinta vez a las oficinas, esperando no tener que regresar a hacer un contrato. Para mi sorpresa, al entrar al edificio, no vi por ningún lado a la señorita que me había atendido el día anterior. Parecía todo una broma pesada, pero ya sin más alternativa tomé nuevamente un turno y esperé por largo tiempo a ser atendido. Por fin llegó mi turno, y fui atendido por un sujeto con pinta de gañán; su mirada y la manera en que lo había observado comportarse con sus compañeros mientras esperaba mi turno me hicieron desconfiar inmediatamente de él, y esperaba que no fuera él quien me atendiera. Para mi desgracia así fue, y nuevamente tuve que explicar toda mi situación a alguien que parecía importarle un reverendo vello púbico lo que me había ocurrido. De igual manera que la persona que me habría atendido el día anterior, su primer instinto fue buscar mis datos en el sistema, sin ningún éxito, obviamente. Durante varias veces se retiró supuestamente a discutir la situación con su supervisora, y cada vez regresaba con una excusa diferente para el retraso en mi contrato. Desde dos contratos atrás ya habían perdido la credibilidad, y cada palabra que salía de la boca de ese gañán que se hacía llamar asesor de atención a clientes contradecía a la anterior. Primero ofrecía que el servicio se instalara con un día más de retraso respecto al tiempo que se me había dicho el día anterior. Luego de que le corrigiera la lógica de su intento de cálculo, me dijo nuevamente sobre el plazo normal, a lo que le hice saber que ya tenía conocimiento del mismo, pero desde un principio se me había dicho que sería menor. Digo, si ya varias veces no uno, sino dos empleados, hicieron el compromiso de hacer la instalación en un plazo menor, creo que lo único que les quedaba por hacer era meterse su plazo de 11 días por el esfínter de su preferencia y cumplir con lo que decían. En fin, tras minutos de innecesaria discusión que no parecía llegar a ningún lado, el supuesto asesor sacó el as que guardaba en la manga de su chaqueta de imitación de piel de “mírenme, soy un malote“. Esta vez resulta que había un error en el costo de la instalación, pues al parecer no eran $100, sino $200, siendo los 100 faltantes correspondientes al servicio de telefonía; y era por eso que el contrato estaba detenido y no se había realizado la instalación, mandando al carajo todas las anteriores explicaciones –o más bien excusas– de por qué no se había instalado ni su puta madre. ¡Qué casualidad! – dije – ¿o sea que nadie de con quien he hablado y le he mostrado el contrato, que claramente dice ahí la cantidad que pagué por la instalación, notó que existía ese error y me lo hizo saber para arreglarlo?. El pedazo de mierda con cara de gañán respondió únicamente encogiéndose de hombros y repitiendo que no se había cubierto el precio de la contratación, corrigiéndose a sí mismo inmediatamente diciendo que, no es en realidad precio de la contratación, pues ésta es gratuita, sino un “anticipo”. ¿Anticipo? ¿Anticipo de qué? Eso lo sabrá la chingada. Insistió en su excusa, y sugirió que si hacía el pago de la cantidad faltante, se me haría ya el contrato, y se realizaría normalmente, con el plazo de instalación de 11 días hábiles, esta vez no habría prioridad al parecer. Respondí remarcando que no era correcto que por un error del promotor, y al parecer de todas las demás personas que examinaron el contrato, yo estuviera pasando por todo ese embrollo y que encima tuviera que pagar más de lo que se me indicó desde un principio. Si el supuesto costo o “anticipo” de la instalación era el que este incompetente remedo de pendejo me indicaba, ¿por qué no se me dijo eso mismo desde un principio? ¿por qué nadie antes de él me lo dijo? Nada tenía forma ni sentido, todo se contradecía entre sí y parecía bastante sospechoso. Finalmente me harté de estar lidiando con tanta incompetencia y tan pésimo servicio, y pedí mejor que se cancelara el inútil contrato y se me reembolsara lo que pagué de “anticipo”. Sin dudarlo, el engendro que tenía frente a mí hizo la cancelación y me regresó mi dinero. Y yo salí de ahí agradeciendo sarcásticamente y reflexionando sobre el servicio tan horriblemente culero que había recibido.

Al final, no logré contratar mi internet. Aunque eventualmente tendré que hacer el contrato nuevamente, ya que no tengo otra opción de proveedor, pero esta vez asistiré a una sucursal diferente, esperando que estén un poco mejor preparados ahí, o que al menos sí tengan ganas de hacer su trabajo.

Ningún proveedor está exento de este o algún otro tipo de fallas, y personalmente he tenido problemas también con los demás proveedores en la región. Pero sinceramente con ningún otro había tenido un problema de esta magnitud ni había recibido un trato tan decadente como con Megacable. Sinceramente espero y alguien de la empresa lea esto y, aunque muy probablemente les valdrá madre, pues sé que no es primera ni última queja que reciben, ojalá y al menos un empleado lo tome en cuenta para dejarse de pendejadas y hacer su trabajo como debe, en lugar de nada más culpar a otro.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s